La importancia del respeto a los precedentes judiciales y la responsabilidad de los jueces - Infojus 91

Sep 28 2017
Por: María Luisa Lucas
Los días 10, 11 y 12 de Agosto de 2017 he asistido a la “X Jornadas De Derecho Judicial” organizadas por la Universidad Austral, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en las que se trató “el precedente judicial: independencia, previsibilidad y activismo judicial”, donde pude presenciar las valiosas disertaciones del director del Departamento de Derecho Judicial de la Universidad Austral, el doctor Rodolfo L. Vigo, y entre otras, las de los juristas extranjeros: Thomas da Rosa Bustamante (Brasil), Danilo Rojas Betancourt (Colombia), Lamberto Cisternas Rocha (Chile), Antonio del Moral (España), doctor Jorge Mario Pardo Rebolledo (México) y de ministros de STJ y Cortes provinciales argentinas y juristas nacionales expertos en el tema.
 
Rescatando varios conceptos valiosos de estas jornadas que se me impone transmitir en este editorial, es importante sentar las bases para diferenciar el precedente judicial de la Jurisprudencia, como fueron tratados con cita a Taruffo diciendo que es posible fijar “Una diferencia cualitativa entre precedente y jurisprudencia. El precedente provee una regla –susceptible de ser universalizada, como ya se ha dicho- que puede ser aplicada como criterio de decisión en el caso sucesivo, en función de la identidad o, como sucede regularmente, de la analogía entre los hechos del primer caso y los hechos del segundo caso” 1.  
 
Para profundizar es necesario rescatar la conceptualización que citando al autor Jerzy Wróblewski se hace respecto del término «precedente»2, señalando al respecto cinco significados diferentes:
- El primero, es el sentido clásico [y] supone entender al precedente como un mecanismo de creación jurídica y, más concretamente, en el desempeño del papel de la Jurisprudencia como fuente creadora del Derecho”.2
- Luego, el sentido funcional que “supone entender al precedente desde su función ejemplificadora de conductas judiciales que, en casos futuros, pudieran ajustarse a la misma estructura argumentativa y fáctica descrita por el propio precedente (…)”.3
- En seguida, en un sentido de validez, se enfoca “la figura del precedente judicial únicamente desde la perspectiva de su cumplimiento, es decir, supone entender al precedente como un mecanismo jurídico dotado con suficiente valor coactivo para obligar a todos los posibles destinatarios como si de una auténtica norma jurídica se tratase (…)”.4
- En cuarto lugar, se plantea el concepto en un sentido de autoridad, “como mecanismo de influencia en la orientación de la labor judicial —es decir, como un mecanismo para motivar futuras decisiones— constituye el sentido más próximo a los orígenes históricos del concepto de autoridad de la cosa juzgada en el Derecho anglosajón (…)”.5
- Por último, se entiende el término en un sentido informativo. Así, se considera “al precedente desde su función orientadora o informadora de futuros fallos a la vista de todos los anteriores”.6
 
Se puede decir entonces que los sentidos clásico, funcional e informativo, constituyen una función esencial del precedente, reconociendo el valor de la jurisprudencia como fuente del Derecho, ejemplificando, orientando e informando las futuras conductas judiciales; mientras que en los sentidos de validez y de autoridad, se manifiesta la función social del precedente, como reivindicador de la vigencia de la jurisprudencia y de la legitimidad de la función creadora de los jueces. En consecuencia, se expresa a través de los jueces, una necesidad social de certeza jurídica de todos los Estados democráticos, en los que las acciones del aparato judicial concuerdan con una serie de exigencias de justicia formal.
 
De esta forma, los elementos básicos del concepto de «precedente» son la evolución sincrónica del derecho creado por los jueces y su eficacia. Sincronía, porque los conflictos y controversias presentados ante los tribunales plantean interrogantes complejas y casos difíciles que, casi siempre, abren varias respuestas para su resolución. En paralelo, las respuestas, decisiones y soluciones que se van construyendo también ofrecen la posibilidad de convertirse en un acervo de razón práctica para la resolución de los casos posteriores.
 
Así, se puede afirmar que el precedente requiere de eficacia mínima para cumplir el propósito de vincular a jueces y tribunales a repetir esa respuesta previa. Hablamos de una eficacia legal con origen en la propia norma, donde en principio sea obligatorio el seguimiento de los precedentes conforme con ciertos requisitos. Pero también de una eficacia persuasiva, dado que contribuye importantemente a la seguridad jurídica, a mejorar la justicia formal y la igualdad ante la ley, a corregir el discurso judicial, a dar racionalidad al comportamiento judicial, y a la economía en el ejercicio de la jurisdicción, aparte de ajustarse a la tendencia comparada en la materia.
 
Por otro lado, también es importante destacar que la jurisprudencia es un reflejo de la obligatoriedad del precedente, la cual ha adquirido una función primordial en la protección de los derechos fundamentales con la finalidad de lograr su mayor eficacia, para lo cual el precedente resulta ser un principio rector. Debe respetarse por que representa la sabiduría detrás de un acto de argumentación y fundamentación, lo cual no quiere decir que la misma resulte inconmovible frente a los cambios en la sociedad, la economía o la tecnología. Pero dicho cambio en el sentido de la jurisprudencia debe necesariamente ser producto de una argumentación sólida, fundada en las circunstancias particulares del caso. 
 
En este sentido, el estudio de la función y trascendencia del precedente, es una fuente inagotable de temas que generan una discusión permanente en el Derecho, es decir, es un tópico nada pacífico, en constante cambio y evolución. Esto es así por tal y como lo afirma Gascón Abellán “[…] son los jueces los únicos que verdaderamente argumentan sus decisiones o, cuando menos, quienes han ido produciendo un estilo más depurado y persuasivo”8.
 
Su importancia y trascendencia no se encuentra en duda, pero su correcta aplicación a los casos concretos es un tema debatido principalmente porque puede causar un perjuicio a los derechos de las personas. Así, la congruencia de los precedentes y en específico de la jurisprudencia con los derechos humanos debe ser indudable. Sin embargo, la cuestión surge ante la falibilidad del órgano superior y la certeza y continuidad de las decisiones, algo que sin duda debe ser analizado constantemente, al igual que la cuestión de la prohibición de la aplicación retroactiva de la jurisprudencia con la finalidad de que el precedente judicial abone a la certeza de los ciudadanos. Y es que el valor del precedente destaca en aquellas circunstancias donde el Juez precisa dar peso a su argumento y recurre a la sabiduría del precedente para ello. Pero, aún más, en aquellas circunstancias cuando no podemos vislumbrar con claridad el camino a seguir, donde el precedente nos sirve de Luz rectora que disipa la sombra de la duda.
 
Referencias
1 Taruffo, Michelle. “Precedente y jurisprudencia”, p. 85.
2 Véase Wroblewzki, Jerzy. “Constitución y teoría general de la interpretación jurídica”. Civitas, 1985, traducción: Arantxa Azurza, The Judicial Application of Law, Dordretch-BostonLondon, Kluwer, 1992.
3 García-Berrio, Teresa. “La controversia sobre el precedente judicial: Un clásico del derecho en constante renovación”. FORO. Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, Nueva Época, N° 4, 2006, p. 136. [En línea] https://revistas.ucm.es/index.php/FORO/article/download/FORO0606220127A/13610.
4 Ibíd., p. 136.
5 Ibíd., p. 136.
6 Ibíd., p. 136.
7 Ibíd., p. 136.
8 Gascón Abellán, Marina, La técnica del precedente y la argumentación racional, Madrid, Tecnos, 1993, p. 9.
 
María Luisa Lucas